Raquel Morán (Oviedo, 1969): Licenciada en Geografía e Historia, es profesora de francés y español de Secundaria en Londres, ha publicado varios relatos y un ensayo, Mancunians and Music: Tales of the Underground, the Internet and the Manchester Music Scene. Su primera novela, No Smoking, se publicó el año pasado en la editorial Baile del Sol. Su blog es littleasturias.

 

Ya puedes leer nuestra reseña sobre su novela No Smoking.

 

¿Cómo se te ocurrió la idea de integrar diferentes historias dentro de la novela?

La patética realidad es que las dos novelas nacieron como historias diferentes: la novela secundaria, la de la huida del niño Dino y de Teo hacia Burdeos en mitad de una guerra de religión entre estados musulmanes y estados laicos comenzó a gestarse a primeros del 2005, y pretendía ser una suerte de epopeya, del estilo de Les Misérables o Guerra y Paz. Yo no soy ese tipo de escritora, me aburro enseguida cuando comienzo a imaginar más de cinco personajes, les olvido los nombres, y el tipo de cosas que escribo no tienen nada que ver con lo que nos contaba Clarín en La Regenta –qué más quisiera, que escribir como mi paisano–. Guardé esa novela sin título durante unos meses y comencé a escribir otra, con el título de No Smoking y en la que dos jóvenes se iban a citar a las puertas de la empresa para la que trabajaban nada más que a fumar y contarse historias, a retarse cuál contaba la historia más interesante.

Como a mí no me gusta desechar nada de lo que escribo, me propuse «empotrar» (embed) la historia del Dino en la de No Smoking, así que los protagonistas de No Smoking se contasen la historia del Dino por entregas. Lo que vincula las dos historias, es la dicotomía actual que parece existir en nuestros días entre Oriente y Occidente, laicismo e islamismo.

Al fin y al cabo, una de las pocas cosas que me ha salido redonda en No Smoking es la admisión de que los contadores (nosotros, los escritores) llevamos una vida de lo más aburrida y los que en realidad viven vidas interesantes son los personajes.

 

¿Fue un reto escribir una historia con varias narrativas internas?

No, puesto que las escribí como novelas separadas: yo sabía adónde se dirigían el Dino y su amigo Teo, y también sabía lo que iba a pasarles a Lara y a su Teo. Lo único que costó un poco de trabajo fue en dónde «meter» exactamente cada capítulo.

Siempre hay un grado de «experimentación» con la estructura de mis novelas. Es que me aburro fácilmente: si puedo ir de A a B pasando por el punto C, no voy directa.

 

La protagonista desea a Teo, pero no es capaz de dar el primer paso, ¿consideras ese comportamiento algo propio de su género o de la sociedad actual?

Yo creo que las cartas están sobre la mesa, boca arriba, desde el primer día. El primero que se da cuenta de que es objeto de deseo por parte de otra persona es el propio objeto de deseo. Teo sabe que Lara está enamorada, pero es incapaz de corresponder: ¿debido a su enfermedad?, ¿debido a que, simplemente, Lara no es su tipo?, ¿debido a que, en realidad, hay otra mujer, en algún lado?
Yo quería jugar, reflexionando sobre la relación entre Teo y Lara, entre los puntos en común que existen entre la creación artística y el enamorarse: la obsesión que ciega, la idealización del objeto deseado, cómo el amor nos hace mejores personas –la escritura también, si es buena-, cómo el amor embellece nuestras vidas –la escritura también, si es buena–…
Lara no es una mujer chapada a la antigua y ha tenido relaciones anteriores, pero todo el mundo espera a que se presente la mejor ocasión para lanzarse al agua, el ‘momento mágico’, y esta nunca se presenta, sólo se presentan historias. Y, ¿no son algunas de nuestras mejores historias de amor meramente platónicas? Mira la miga que dio en Citizen Kane la chica del vestido blanco…

 

La novela tiene un presente algo convulso y sugiere un futuro pesimista, ¿es algo que compartes?

Ay, aquí yo tengo que ir con pies de plomo, la novela se ha quedado un pelín desfasada, porque, cuando yo la empecé, a primeros del 2005, los atentados de Madrid habían ocurrido menos de un año antes, los de Londres iban a ocurrir en julio del 2005 y habían pasado solamente tres años desde los de las Torres Gemelas. Los prisioneros de Guantánamo, los vuelos secretos de la CIA torturando a miembros prominentes de Al Qaeda, la busca y captura de Bin Laden, la invasión de Iraq… todo estaba muy fresco en las páginas de los periódicos. Está claro que hay una guerra no declarada contra ciertos países y grupos islamistas muy intransigentes, y es cierto que la principal ‘amenaza de los Estados laicos de Occidente’ ahora vendría del Próximo Oriente y no de Rusia y sus aliados. ¿Qué puedo decir? En Gran Bretaña la población de religión musulmana es un porcentaje importante de la población total, y la educación británica –lo sé por propia experiencia– y el gobierno británico están haciendo un gran trabajo promoviendo la tolerancia religiosa y el respeto a otras culturas; se trabaja mucho por erradicar la «islamofobia» de la sociedad británica. Pero la política francesa o la española no son tan activas en promover el respeto hacia otras religiones y culturas, eso lo vemos todos.

Pero la dicotomía en el mundo de hoy existe; fíjate en las luchas entre cristianos y musulmanes en Sudán y el centro de Africa.

 

Escribes desde otro país ¿le ves algún inconveniente?

Escribo en español con un estilo un poco anglosajón, si te das cuenta. Esto tiene sus inconvenientes y sus ventajas: cuando uno vive en otro país, no es ni del país en que nació ni del país en el que vive. Yo ni soy ya del país de mis padres ni lo soy del de mis hijas, la ventaja es que me permite ver todo con ojos de «outsider», de extranjera. Y eso he intentado plasmarlo en No Smoking, porque, ¿en qué ciudad viven Teo y Lara? Puede ser Londres o puede ser otra ciudad.
Al final, volvemos a lo mismo: el único país desde el que un escritor escribe es su mente, su imaginación.

 

Portada de la primera edición de No smoking
No smokingRaquel Morán

La novela narra la historia de dos compañeros de trabajo, Lara y Teo, que se citan a las puertas del edificio de la empresa para la que trabajan a contarse cuentos y a fumar.

Lara termina por enamorarse de Teo, y para ella las historias que cuenta a Teo son una manera de ganárselo, de conquistarlo; de Teo poco sabemos, salvo los pensamientos y reflexiones inconexos y peregrinos que salpican la novela, puesto que es Lara quien nos cuenta la historia en primera persona, la historia de la evolución de sus cuentos y de su amor por Teo. Hay también una segunda novela en la novela, que se van contando Lara y Teo por entregas, y que tiene como protagonistas a un niño y a un hombre en medio de una guerra de religión.

Intenta ser una reflexión sobre la naturaleza del amor y de la creación literaria y los numerosos puntos en común que les unen. También, sobre el clima de crispación político-religiosa que vive el mundo de nuestros días.