Gabriela Cañas nació en Cuenca, en 1957 y es periodista. Trabajó en varios medios hasta llegar a El País, donde actualmente es editorialista y articulista. Entre 2006 y 2008 trabajó en Moncloa como asesora de prensa internacional para el presidente del Gobierno
Sus artículos han merecido dos premios periodísticos: el galardón La mujer en la Unión Europea, otorgado en 2002 y el Premio Meridiana en la modalidad de Iniciativa en los medios de comunicación o publicitarios, en 2011.

Su primera novela acaba de salir a la venta, Torres de fuego, que ya hemos reseñado.

¿Cómo ha sido la gestación de esta novela?
Tenía ganas de escribir una historia (casi siempre tengo ganas de escribir historias) y, de pronto, pensé que el incendio de la torre Windsor, que tanto me había intrigado, era una buena pieza para imaginar en torno a ella un entramado de suspense. La crisis, el boom del ladrillo, las quiebras posteriores y todo lo demás me aportaron un abundante material suplementario.

 

Las mujeres protagonistas de esta historia parecen estar en constante revisión de las elecciones que toman, y han tomado, en sus vidas en cuanto a su relación con el trabajo ¿es un reflejo de las mujeres actuales?
Creo que, por la formación que recibimos y por el papel que jugamos socialmente, las mujeres tendemos más a dudar de nosotras mismas, a cuestionar mucho más nuestras decisiones, aunque esto de generalizar es siempre peligroso. Ese permanente cuestionamiento no sé si es bueno o malo. Es, en todo caso, agotador. He intentado ser honesta a este respecto y presentar a las mujeres de mi historia con todas esas contradicciones y supuestas debilidades.

 

Ana, ambiciosa, llega a lo alto y cae por llegar allí, Any quiere seguir sus pasos y ve peligrar su vida personal, y Rosa que no ha sido ambiciosa es la que tiene una vida más equilibrada y sin embargo está insatisfecha por su falta de ambición ¿es la ambición un problema para la mujer?
Sí. La ambición es un problema; para la mujer y para el hombre. Lo es porque la ambición puede desbocarse con facilidad y generar otros problemas añadidos. Hay que saber contener ciertas ambiciones y dar rienda suelta a otras. Las ambiciones equivocadas son una maldición para los que las sufren y los que están alrededor. En el caso de las mujeres, la ambición es un sentimiento tradicionalmente reprimido porque se supone que estaban predestinadas a tener deseos solo en el ámbito de lo doméstico: tener un buen marido, tener unos buenos hijos, una casa acogedora, un buen ambiente familiar y, como mucho, un trabajito que no te quite mucho tiempo… En el mundo laboral, la ambición femenina está todavía muy mal considerada. Así que es un lío. Por eso la Rosa de mi novela se siente culpable por ser ambiciosa y, al tiempo, frustrada por no haber sido capaz de alimentar dicha ambición hasta la muerte de su hermana.

 

La intriga de la novela se basa en parte en una trama de finanzas compleja, que sin embargo está muy bien explicada en la novela, ¿te preocupaba que el misterio fuese difícil de explicar por tratarse de una estafa financiera?
No, en absoluto. Las estafas financieras son, en el fondo, muy fáciles de explicar por mucho que los contables hagan malabarismos: se basan en el engaño y en una estructura social que permite e, incluso, alienta dicho engaño. No es difícil explicar que una empresa sea capaz de comprar un solar por 100.000 euros y que luego compute en su haber el mismo solar valorado en 12 millones para inflar el valor de la propia empresa. Tampoco es difícil de explicar que las auditoras den después por buenas esas cuentas para que otro muerda el anzuelo y compre la empresa a un precio astronómico o un banco le otorgue préstamos en base a tales números. Y eso es lo que ha pasado aquí, en el resto de Europa y en Estados Unidos en los últimos años. Más que difícil de explicar es difícil de creer. Es un escándalo y un saqueo.

 

Uno de los aciertos de la novela, en cuanto al suspense, radica en el hecho de que, aunque el lector se entera de todo, algunos personajes no tendrán al final todas las piezas del puzle ¿era un elemento de realismo que querías enfatizar?
Sí. La realidad siempre nos deja cabos sueltos. En la realidad, nunca llegamos a tener todos los elementos para entender las cosas. En mi novela he buscado también esa semejanza con lo real. Como periodista, soy muy consciente de hasta qué punto te puedes quedar sin tener todos los datos en la mano. Pero como lo más importante de mi novela era el lector quise situarle siempre en esa posición especial de privilegio: solo él sabe de manera más aproximada qué pasó con Ana Ruiz-Benegas.

 

Cada personaje, por pequeño que sea, tiene una historia, y así nos los presentas en la novela ¿por qué lo consideras importante?
Pues no lo sé. Siento esa necesidad de contar la historia de la gente, de situarla en el marco global. En el fondo, quizá, porque todas me parecen importantes. Me pasa siempre. Miro al cobrador del metro o al piloto del avión y pienso en cómo será su vida, qué secretos esconderá, qué sueños acariciará, qué frustraciones cosechará.
Esta es tu primera novela ¿vamos a leerte en una segunda?
Me encantaría. Ya estoy escribiendo. Espero que sea publicable.

Compra Torres De Fuego de Gabriela Cañas

Portada de la primera edición de Torres de fuego
Torres de fuegoGabriela Cañas

Ana Ruiz-Benegas una brillante ejecutiva de éxito aparece brutalmente asesinada. El crimen, que en principio parece un vulgar robo con violencia, esconde sin embargo mucho más de lo que parece a primera vista. La hermana de Ana, Rosa, una abogada mercantil, y la hija de esta Any, una joven economista, no cejarán en su afán por esclarecer la muerte de Ana descubrirán una complicada y peligrosa trama político-empresarial que salpica a grandes nombres de las finanzas…

La venganza, el dinero, el chantaje y la corrupción son los ingredientes de un relato en el que todos los personajes tomarán posiciones determinantes. El incendio de la torre Windsor y los hilos de un perverso equilibrio de poderes guiará a las dos protagonistas hasta empujarlas a dar un vuelco a sus vidas.