En Oxígeno (Alfaguara, 2026), Marta Jiménez Serrano toma como punto de partida una experiencia límite —un roce brutal e inmerecido con la muerte— no para regodearse en la conmoción ni en el sentimentalismo, sino para construir una indagación literaria de primer orden sobre la fragilidad de la existencia, la memoria del cuerpo y el sentido mismo de narrar cuando la realidad se despoja de toda lógica narrativa.
Una mañana de sábado de otoño en un piso abuhardillado de Madrid, el sonido de un golpe en dos tiempos «pum, pum» interrumpe la rutina. Una fuga invisible de monóxido de carbono, provocada por una caldera en mal estado, adormece a la autora y a su pareja, culminando en un síncope que la hace desplomarse en el suelo del baño, dejándola con una brecha en la cabeza y un nivel de carboxihemoglobina en sangre propio de un estado precomatoso.
La literatura necesita una trama, y aquí no hay trama: simplemente alguien inconsciente en el suelo, alguien muriéndose, con causa por lo pronto desconocida. La literatura necesita un sentido, y aquí no hay sentido: es absurdo abrirse la cabeza contra el suelo una mañana de sábado por culpa de quién sabe qué…
A partir de esa paradoja esencial —la de contar una historia cuyo clímax transcurre mientras la propia narradora permanece inconsciente—, Jiménez Serrano despliega una arquitectura textual brillante que supera otras obras de auto ficción. Oxígeno no es solo un mero relato de supervivencia, sino una reflexión holística donde se unen la investigación médica, la crónica social y el ajuste de cuentas con la propia memoria.
El libro más personal de la última revelación literaria española. Una poderosa historia real sobre la vida, el amor, la muerte y la literatura. «Oxígeno es la confirmación de que Marta Jiménez Serrano pertenece a la misma patria literaria que Zadie Smith, Nora Ephron o Joan Didion. Un texto emocionante, preciso, literario y lleno de furia de clase, que convierte el parpadeo entre la vida y la muerte en un universo de posibilidades, en la vida misma negándose a claudicar». Alana Portero «He aquí una frase extraña: supe qué es estar muriéndose». En noviembre de 2020, pocos meses antes de publicar su primera novela, la autora de este libro estuvo a punto de morir. Un sábado como cualquier otro, en su casa, sin saberlo, ella y su pareja se estaban muriendo. La caldera tenía una fuga y el monóxido de carbono les fue adormeciendo hasta que Marta se levantó a duras penas para ir al baño. Ahí, cayó desplomada y se golpeó la cabeza. Cinco años ha necesitado para narrar esta experiencia en una historia que conjuga la tensión narrativa, la ansiedad y la esperanza. Oxígeno es «el libro que nunca hubiera querido escribir», el relato de los minutos en los que se les escapaba la vida, el de los meses que siguieron el accidente y el de los años que lo precedieron todo, cuando se enamoraron y empezaron a construir una vida sin pensar que podría terminar en cualquier momento. Combinando con maestría la sensibilidad, el sentido del humor y la lucidez, la autora mira de frente a la muerte para celebrar el asombro diario de seguir aquí.
Oxígeno
El libro está preciosamente estructurado. En lugar de un chorro de consciencia, la narración se articula entre los recuerdos infantiles, el análisis de qué llevó a la protagonista hasta la situación en la que se encuentra, la investigación de cómo y por qué ocurrió el accidente. Y todo contado con una prosa ágil y cautivadora; da igual si salta de su entrada al piso asesino a la llegada de los paramédicos que la atendieron; todo te va a resultar interesante en la lectura.
Además, la crónica del accidente no ocurre en el vacío, sino en el marco de la precariedad de la vivienda, algo que si estaba en la mente de todos en el tiempo de los eventos de la narración, en el momento de la publicación alcanza a nivel nacional su peor momento.
Con una mirada desprovista de victimismo pero cargada de ironía y lucidez, Jiménez Serrano retrata sus vivencias a través de sus mudanzas, las habitaciones que a lo largo de los años la acogieron, la casa de los abuelos en el pueblo, donde las mantas pesadas de la abuela Concha y las oraciones infantiles («Hasta mañana si Dios quiere») articulaban los primeros temores ante lo incontrolable.
El texto entabla un diálogo directo con maestras de la literatura de la pérdida y la contingencia como Carmen Martín Gaite (Lo raro es vivir) o Joan Didion (Noches azules); estas referencias funcionan como vigas maestras que sostienen el esfuerzo para intentar dotar de significado a un evento tan peligroso como fortuito.
En última instancia, Oxígeno demuestra que la escritura puede operar como un acto de reconstrucción vital. Frente al pánico a perder la conciencia, la autora descubre en el ejercicio de poner una palabra detrás de otra la herramienta definitiva para perder el miedo a dormir y reconciliarse con la finitud.
Estamos ante una obra sobria, emocionante e hilvanada con inteligencia que consolida a Marta Jiménez Serrano como una de las voces más destacadas de su generación.