Da igual cuál sea el tema del congreso: enfermería, literatura, pedagogía… da igual si son encuentros o conferencias sobre profesiones en las que las mujeres llevan años ejerciendo, da igual, incluso a veces, de si se trata de unas jornadas sobre violencia de género o aborto (sí, Sudamérica, te estamos mirando). La presencia de las mujeres en las mesas redondas o en las conferencias principales es siempre mínima.
Varias asociaciones de mujeres en diferentes ámbitos del conocimiento, viendo, además, que se acerca el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer (también conocido erróneamente como día de la mujer trabajadora), han decidido pedir a quienes vayan a participar en congresos, charlas y jornadas (básicamente, hombres) que pidan presencia femenina en esos eventos.
La participación de los hombres es crítica a la hora de alcanzar la igualdad para las mujeres, en el pasado lo hemos visto con John Stuart Mill (Londres, 1806 – Avignon, 1873), cuyo The Subjection of Women (1869) recibe más interés que A Vindication of the Rights of Woman (1792) de Mary Wollstonecraft, al igual que los libros de María Lejárraga, como Cartas a las mujeres de España o La mujer moderna, tuvieron más repercusión por estar firmados como Gregorio Martínez Sierra; y precisamente en este libro el escritor Alberto Insúa ya comentaba, en 1920, que «no es a ellas, sino a ellos, a quienes hay que preparar para la vida social».
Lee el manifiesto y fírmalo y, si eres hombre, ya sabes lo que deberías hacer a partir de ahora; no cuesta tanto.
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