Dolores Soler-Espiauba obtuvo, el pasado 14 de enero, el XXXVI Premio Gabriel Sijé de Novela Corta con la novela La hora bruja.

El galardón está otorgado por la Caja Mediterráneo, y dotado con 7000€ que, desde esta convocatoria, se entregan solamente a una obra ganadora.

Dolores Soler-Espiauba (1935, Cartagena) está licenciada en Filología Germánica y en Filología Hispánica y ha trabajado como traductora y docente en varios países de Europa. Con su primera novela, Los canardos se hizo con el Felipe Trigo y más tarde ganó el Azorín y el Café Gijón.

Cuéntame un poco de qué trata La hora bruja
La hora bruja es, como seguramente sabes, esa hora del atardecer en que aún es de día, pero en la que las sombras avanzan, favoreciendo las confidencias y creando cierta intimidad. Yo tuve un amigo cubano que murió de SIDA aquí en Bruselas hace unos años, y que tuvo que abandonar Cuba porque la homosexualidad estaba castigada. Era una persona de una cultura exquisita y de una rara sensibilidad. Trabajó aquí como traductor freelance y vivió varias historias de amor, más o menos gratificantes. Nuestra amistad se basaba esencialmente en poder comunicarnos en español dentro de otra cultura y otra lengua, cosa que se echa mucho de menos cuando se vive fuera de la cultura propia, el luchar contra la nostalgia de un país al que no podía volver. En sus últimos años, cuando ya estaba muy mal, nos solíamos llamar por la tarde, durante la “hora bruja”, al volver yo de mis clases, y comentábamos lo que habíamos hecho ese día, lecturas, encuentros, anécdotas, proyectos para el día siguiente… Uno de sus últimos episodios clínicos fue una ceguera temporal durante la cual, en el hospital, yo le leía las cartas que le llegaban de La Habana. Esas cartas eran tan maravillosas que me decidieron, después de su muerte, a viajar a su isla, y allí conocí a los autores de aquellas cartas, que ahora, después de ya varios viajes, se han convertido en extraordinarios amigos, y siguen prisioneros de la Isla, como cuando él se fue.

En tu trayectoria has ganado varios premios de prestigio como el Felipe Trigo, el Café Iruña o el Gijón, ¿sientes todavía lo mismo al ganar ahora el Gabriel Sijé?

El mundo editorial español es tan inaccesible (lo primero que te suelen decir al abrirse la página web es “No admitimos manuscritos que no hayan sido solicitados”) que los premios son el único reconocimiento posible a un trabajo de días, meses y años, porque todo ser humano necesita que su esfuerzo sea reconocido. Tal vez cuando empiezas, el impacto es más fuerte, recuerdo el que me produjeron el Premio Andalucía de Novela, o el Premio Azorín, porque detrás de ellos había una tradición de mucho peso, y una voluntad de recompensar la obra que lo mereciera, fuera el autor conocido o no. Y me sorprende, por consiguiente, que los premios “de primera fila” vayan casi siempre unidos a nombres “de primera fila”. Confieso que me siento orgullosa del anonimato de la plica que siempre ha estado detrás de los premios que he ganado.

En un mundo cada vez más orientado a los contenidos breves, ¿por qué crees seguimos viendo tan poca novela corta?
Es realmente curioso ver la cantidad de “mamotretos” de 500 páginas y más, que salen al mercado constantemente. Por mi parte, siento una gran pereza en el momento de penetrar en ellos, a no ser que se trate de clásicos inolvidables, un Ana Karenina, un Bella del Señor, un Rayuela… Creo que nunca tendré la osadía de infligir a mis lectores más de 250 páginas, y ya es mucho. Parece obvio insistir en que no es la cantidad, sino la calidad lo que cuenta. Sigue siendo un real placer releer El coronel no tiene quien le escriba, Pedro Páramo, o Querido Diego… de Elena Poniatowska. En tiempos de crisis, de austeridad y de recortes… Habría que pensárselo antes de lanzarse ¿no te parece? A mí es un género que me gusta.

¿Puedes decirme algo de cuándo podremos leer La hora bruja?
Lamento no poder darte una respuesta. La CAM suele colaborar con editoriales de la Comunidad Valenciana, es de esperar que dentro de poco se sepa qué decisión han tomado.