

Una isla dentro de la isla

Las islas han sido siempre grandes lugares literarios, incluso aunque no se escribiese directamente sobre ellas. La simple condición de insularidad, su aislamiento, otorga a los territorios cercados por las aguas un carácter único, singular, pero también de igualdad con el resto de las islas de este planeta. Todas las ínsulas son la misma.
La protagonista de esta novela lo entiende, o al menos intentan comprenderlo mientras habita el escaso paisaje que se le ofrece como si estuviese explorando un continente. En un lugar tan exiguo la narradora de la historia explora los pequeños ritos humanos, los caracteres, la idiosincrasia, los conflictos y contradicciones del lugar.
El personaje principal de esta obra es una escritora forzada a estar recluida en la isla, y obligada al mismo tiempo a escribir una obra literaria. Ambos procesos se alternan e incluso en ocasiones se confunden. Ambos procesos le parecen improductivos. Y sin embargo se produce un fenómeno de creación.
Cada uno de los personajes que aparecen por estas páginas ofrece una personalidad sorprendente y desconcertante. Nada es normal en el paisaje de esta obra. Pero su autora sabe conducir al lector por los paisajes más interesantes, más pasmosos, confundiendo en ocasiones lo real con lo soñado.
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