

Los clavos de Ovidio miran las estrellas

El poemario propone un baile con Ovidio y la literatura clásica emparejado con referentes actuales de cine, supermercados y purpurina, un poemario con sabor de sal y universo, lleno de colores y escenas y nuevas formas de decir, como un castigo de piernas verdes en un domingo de esos que caben en un vasito.
O como indica Mariano Peyrou en su prólogo «Las palabras de Alicia Louzao parecen surgir de esa zona de la mente donde la luz y las tinieblas no se oponen, no se alternan; una zona donde el ritmo no tiene que ver con los conceptos, sino con el cuerpo, con el miedo, con la alucinación y la sed. La vida interior está fuera, elevarse y caer se confunden: «piensan en el mar los que no lo tienen cerca», se eleva lo que cae, se acerca lo que está lejos, las palabras de Alicia Louzao parecen devolver la mirada y las cosas miradas a un lugar en que nunca estuvieron, parecen reconocer cosas no conocidas, nos descolocan haciéndonos dudar si hemos estado dónde o si dónde hemos pensado estar.»
Una poética donde entra la imaginación y el divertimento, donde podemos sujetar entre las manos un Cumbres de Gredos mientras leemos a Ovidio o nos sabemos yendo a San Andrés de Teixido para no volver de muertos como las moscas que acompañan estos poemas: insectos, estrellas, el rastrillo de juguete sobre la arena, el inicio de todo, su final, un punki en su patinete galáctico: este universo con infusión de menta y Tosta Rica.
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