

La misma piedra

En un mundo sin certezas, quizá lo único firme sea la insuficiencia de la palabra para nombrar la realidad. En consecuencia, Natalia Castro Picón plasma una propuesta que se articula en los sutiles límites que separan la identidad y lo auténtico, eligiendo lo plural y lo efímero como una vía de reparación y escape. Así, los poemas son generados desde un estado de ánimo fugaz y su extensión coincide exactamente con el devenir de su energía verbal.
La poeta, escapista consumada, no pretende nada más (ni nada menos) que manifestarse, persistir, mantener el equilibrio, pues su verbo perfila constantemente una anécdota o un pensamiento, provocando un despliegue que será, pese a su aparente pertinencia, indefectiblemente interrumpido o abandonado (Martín Rodríguez-Gaona).
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