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La felicidad también es cuántica

La felicidad también es cuántica

Nos encontramos ante un libro donde el retrato social y el personal se dan la mano, donde la biografía comparte escena con el compromiso social, donde la visión de su autora no planea sobre la vida sino que bucea en ella a pleno pulmón.

Lola Martínez Cerrada ha volcado en estas páginas su vida y muchas otras vidas, todas suyas, todas nuestras:

  • La de la niña gitana que alguna vez se sintió princesa.
  • La del mantero que vende en la playa ¡barato, barato!
  • La de la niña monja que ve el mundo tras una celosía.
  • Las de esas otras niñas de uniforme, con los ojos llenos de nada.
  • La de quien pudo ser madre y no lo fue.
  • La del jilguero sin jaula.
  • La de la limpiadora agotada que se frota las manos con Nivea.
  • La de quien espera.
  • La del socorrista que no sabe inglés y su verano es triste.
  • La del café de madrugada.

En nuestra lectura, podemos sumar nuestra vida a todas estas y, sobre todo, a la de Lola Martínez Cerrada.
Ella no tiene ya quince años, pero siente, como entonces, el temblor de la primavera. Sabe que sólo es el tiempo que le queda.

Sintamos junto a ella el mismo temblor y aprovechemos juntos el tiempo que nos quede.
(Del prólogo de Enrique Gracia Trinidad)

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