

Hijos dorados

Sabía que la decisión que había tomado, la de acercarse a ellos, era la correcta. No tenía ninguna duda.
Ojalá alguien le hubiera advertido de lo equivocada que estaba.
¿Hasta dónde estarías dispuesto a llegar para conseguir poder?
En la Facultad de Derecho de Cornell no basta con ser un estudiante brillante. Para destacar, tienes que ser el mejor. Y para ser el mejor, tienes que conseguir la beca.
Esto es algo que Vera Velasco tiene muy claro. Por eso, su plan al llegar a Cornell es sencillo: esforzarse y trabajar al máximo para ser una de las cuatro personas galardonadas con la beca. Y si en el camino se acaba aislando del resto y perdiéndose a sí misma, que así sea.
Claro que lo que Vera no espera es toparse con un grupo de cuatro estudiantes que, al igual que ella, desean la beca. Todo el mundo le advierte que no se acerque, que son peligrosos, capaces de cualquier cosa por conseguir lo que quieren.
Pero hay algo en Vera que le impide hacerlo.
Porque le fascinan.
Porque la atraen.
Porque sabe que, en el fondo, son iguales.
Y ya sabéis lo que dicen:
Qui amat periculum, in illo peribet.
Quien ama el peligro, en él perecerá.
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