
Fresa y herida
Fragilidad, sinestesia, colores y texturas se despliegan en un interminable cuestionario existencial; exploración lenta y ensimismada del mundo, Fresa y herida recoge filosofía e intimidad en síntesis vidriosa.
Consta de tres ejes temáticos: identidad/construcción, finales/destrucción y escritura como constatación voyeur de la tragedia. Primero están el yo deshilachado, el peso del pasado y del deseo como último refugio, la edad de oro de la adolescencia, la valentía sub versiva de creer en la extrañísima primera persona del plural, tan marginal y heroica. Preferir, a veces, la vida a la literatura y caminar de la mano por la cinta de Moebius.
Después están los enemigos interiores y exteriores del amor: cinismo, auto-boicot, placebo, malafelicidad. La sensación de que la lógica mata a la gente. La sensación de alodinia y nihilismo reptando por las piernas.
Y una tercera parte dedicada al escrutinio de la manía de escribir. Exposición pública de muertes privadas, materialización de lo que no-está-escrito-que-suceda, pero que acaba sucediendo. Porque entre la esperanza y el placer, la desesperación y la pérdida, está la literatura, para obtener amor, para evitar el crimen.
