

Crema solar

Crema solar, primer libro de Irene de la Torre, es una pequeña joya. Contiene un álbum de mujeres solas, bellamente retratadas en su regreso a la naturaleza (playas, jardines, ríos), o al pueblo de origen, como si esa vuelta a lo primordial accionase el mecanismo de la ficción, que oscila entre el realismo poético y la intromisión de lo fantástico, con alguna pieza antológica, como «Pollo entero deshuesado» y «Crecimiento en diagonal».
La mayoría de estos relatos remiten a la infancia y la adolescencia; a los días del pasado con sus descubrimientos y encubrimientos (a menudo agridulces), con una leve punzada de nostalgia por esos instantes «donde son capaces de convivir belleza y tristeza».
Bellos y tristes son los cuentos de Irene de la Torre, que parece decantarse hacia lo elegíaco y lo sensorial, pues al final de lo que se trata es de «agarrar el agua como si fuera un ramo de flores, un Puñado de uvas».
Un debut más que notable.
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