Cesárea fue mujer antes que niña, paisana antes que emigrante, celeste antes que plata.
Cesárea recorre el tiempo y los años entre retales zurcidos con palabras, historias de encajes de bolillos,
bordados de lunas llenas, ondas de plata, collares de espuma, algas y sal, colchas y mantones flotando en
leche de almendras, muñecas de trapo, flores de mazapán, suspiros de alajú, enaguas estampadas de soles
de un pueblo en la sierra, escapularios en el dobladillo, tirabuzones celestes, ángeles sin alas...
Cesárea es su nombre: una mujer marcada por el amor a la vida y a la magia de vivir. Entre la Cesárea niña,
nacida y crecida en un pueblo de La Mancha, y la Cesárea bisabuela, ya como inmigrante establecida
en Barcelona, median los avatares de un destino dibujado por los espíritus en las estrellas. La fuerza, la dulzura
y el corazón abierto forman en Cesárea la más profunda lección de amor más allá del Más Allá.