Categoría: Entrevistas

Entrevista a Raquel Morán

Entrevista Raquel Morán

 

Raquel Morán (Oviedo, 1969): Licenciada en Geografía e Historia, es profesora de francés y español de Secundaria en Londres, ha publicado varios relatos y un ensayo, Mancunians and Music: Tales of the Underground, the Internet and the Manchester Music Scene. Su primera novela, No Smoking, se publicó el año pasado en la editorial Baile del Sol. Su blog es littleasturias.

 

Ya puedes leer nuestra reseña sobre su novela No Smoking.

 

¿Cómo se te ocurrió la idea de integrar diferentes historias dentro de la novela?

La patética realidad es que las dos novelas nacieron como historias diferentes: la novela secundaria, la de la huida del niño Dino y de Teo hacia Burdeos en mitad de una guerra de religión entre estados musulmanes y estados laicos comenzó a gestarse a primeros del 2005, y pretendía ser una suerte de epopeya, del estilo de Les Misérables o Guerra y Paz. Yo no soy ese tipo de escritora, me aburro enseguida cuando comienzo a imaginar más de cinco personajes, les olvido los nombres, y el tipo de cosas que escribo no tienen nada que ver con lo que nos contaba Clarín en La Regenta –qué más quisiera, que escribir como mi paisano–. Guardé esa novela sin título durante unos meses y comencé a escribir otra, con el título de No Smoking y en la que dos jóvenes se iban a citar a las puertas de la empresa para la que trabajaban nada más que a fumar y contarse historias, a retarse cuál contaba la historia más interesante.

Como a mí no me gusta desechar nada de lo que escribo, me propuse «empotrar» (embed) la historia del Dino en la de No Smoking, así que los protagonistas de No Smoking se contasen la historia del Dino por entregas. Lo que vincula las dos historias, es la dicotomía actual que parece existir en nuestros días entre Oriente y Occidente, laicismo e islamismo.

Al fin y al cabo, una de las pocas cosas que me ha salido redonda en No Smoking es la admisión de que los contadores (nosotros, los escritores) llevamos una vida de lo más aburrida y los que en realidad viven vidas interesantes son los personajes.

 

¿Fue un reto escribir una historia con varias narrativas internas?

No, puesto que las escribí como novelas separadas: yo sabía adónde se dirigían el Dino y su amigo Teo, y también sabía lo que iba a pasarles a Lara y a su Teo. Lo único que costó un poco de trabajo fue en dónde «meter» exactamente cada capítulo.

Siempre hay un grado de «experimentación» con la estructura de mis novelas. Es que me aburro fácilmente: si puedo ir de A a B pasando por el punto C, no voy directa.

 

La protagonista desea a Teo, pero no es capaz de dar el primer paso, ¿consideras ese comportamiento algo propio de su género o de la sociedad actual?

Yo creo que las cartas están sobre la mesa, boca arriba, desde el primer día. El primero que se da cuenta de que es objeto de deseo por parte de otra persona es el propio objeto de deseo. Teo sabe que Lara está enamorada, pero es incapaz de corresponder: ¿debido a su enfermedad?, ¿debido a que, simplemente, Lara no es su tipo?, ¿debido a que, en realidad, hay otra mujer, en algún lado?
Yo quería jugar, reflexionando sobre la relación entre Teo y Lara, entre los puntos en común que existen entre la creación artística y el enamorarse: la obsesión que ciega, la idealización del objeto deseado, cómo el amor nos hace mejores personas –la escritura también, si es buena-, cómo el amor embellece nuestras vidas –la escritura también, si es buena–…
Lara no es una mujer chapada a la antigua y ha tenido relaciones anteriores, pero todo el mundo espera a que se presente la mejor ocasión para lanzarse al agua, el ‘momento mágico’, y esta nunca se presenta, sólo se presentan historias. Y, ¿no son algunas de nuestras mejores historias de amor meramente platónicas? Mira la miga que dio en Citizen Kane la chica del vestido blanco…

 

La novela tiene un presente algo convulso y sugiere un futuro pesimista, ¿es algo que compartes?

Ay, aquí yo tengo que ir con pies de plomo, la novela se ha quedado un pelín desfasada, porque, cuando yo la empecé, a primeros del 2005, los atentados de Madrid habían ocurrido menos de un año antes, los de Londres iban a ocurrir en julio del 2005 y habían pasado solamente tres años desde los de las Torres Gemelas. Los prisioneros de Guantánamo, los vuelos secretos de la CIA torturando a miembros prominentes de Al Qaeda, la busca y captura de Bin Laden, la invasión de Iraq… todo estaba muy fresco en las páginas de los periódicos. Está claro que hay una guerra no declarada contra ciertos países y grupos islamistas muy intransigentes, y es cierto que la principal ‘amenaza de los Estados laicos de Occidente’ ahora vendría del Próximo Oriente y no de Rusia y sus aliados. ¿Qué puedo decir? En Gran Bretaña la población de religión musulmana es un porcentaje importante de la población total, y la educación británica –lo sé por propia experiencia– y el gobierno británico están haciendo un gran trabajo promoviendo la tolerancia religiosa y el respeto a otras culturas; se trabaja mucho por erradicar la «islamofobia» de la sociedad británica. Pero la política francesa o la española no son tan activas en promover el respeto hacia otras religiones y culturas, eso lo vemos todos.

Pero la dicotomía en el mundo de hoy existe; fíjate en las luchas entre cristianos y musulmanes en Sudán y el centro de Africa.

 

Escribes desde otro país ¿le ves algún inconveniente?

Escribo en español con un estilo un poco anglosajón, si te das cuenta. Esto tiene sus inconvenientes y sus ventajas: cuando uno vive en otro país, no es ni del país en que nació ni del país en el que vive. Yo ni soy ya del país de mis padres ni lo soy del de mis hijas, la ventaja es que me permite ver todo con ojos de «outsider», de extranjera. Y eso he intentado plasmarlo en No Smoking, porque, ¿en qué ciudad viven Teo y Lara? Puede ser Londres o puede ser otra ciudad.
Al final, volvemos a lo mismo: el único país desde el que un escritor escribe es su mente, su imaginación.

 

  •  Portada de No smoking
    No smoking Raquel Morán

    La novela narra la historia de dos compañeros de trabajo, Lara y Teo, que se citan a las puertas del edificio de la empresa para la que trabajan a contarse cuentos y a fumar.

    Lara termina por enamorarse de Teo, y para ella las historias que cuenta a Teo son una manera de ganárselo, de conquistarlo; de Teo poco sabemos, salvo los pensamientos y reflexiones inconexos y peregrinos que salpican la novela, puesto que es Lara quien nos cuenta la historia en primera persona, la historia de la evolución de sus cuentos y de su amor por Teo. Hay también una segunda novela en la novela, que se van contando Lara y Teo por entregas, y que tiene como protagonistas a un niño y a un hombre en medio de una guerra de religión.

    Intenta ser una reflexión sobre la naturaleza del amor y de la creación literaria y los numerosos puntos en común que les unen. También, sobre el clima de crispación político-religiosa que vive el mundo de nuestros días.

Entrevista a Elvira Navarro

Entrevista a Elvira Navarro
 
Elvira Navarro  (Huelva, 1978) ha publicado tres novelas, La ciudad en invierno (2007), La ciudad feliz (2009), Premio Jaén de Novela y Premio Tormenta y este año, en Literatura Random House, ha visto la luz La trabajadora.

 

En tus novelas las obsesiones, manías persecutorias, miedos, están muy presentes ¿son temas que te interesan o que no puedes evitar?

La obsesión nos estructura a muchos. Es el mejor mecanismo para no resolver nunca nada. Lleva a la parálisis, a la muerte en vida. Creo que muchos fracasos pueden explicarse por las obsesiones. La manía persecutoria es un tipo de obsesión. El miedo, en cambio, es algo más básico, aunque alcanza lo bajo y lo alto. Me explico: está ligado a la supervivencia según la ciencia, pero también, y esto no lo aclara la ciencia, hay un miedo desligado de las situaciones de peligro, pero que nos acompaña; una suerte de miedo metafísico. Este segundo tipo de miedo es un misterio. En la medida en que la narrativa se hace cargo de conflictos, y de que estos conflictos suelen vehicularse a través de personajes, es casi inevitable hablar de obsesiones y miedos en casi cualquier ficción. Yo no soy una excepción.
 
Pareces tener una fascinación por Madrid, ¿es esa ciudad en concreto o son las grandes ciudades en general?

Me ocurre con los espacios lo mismo que con las personas: que hay encaje o no lo hay. Con esto te contesto a si me sucede lo mismo con todas las grandes ciudades en general: no. Hay ciudades en las que no me siento cómoda. Con Madrid el amor es y sigue siendo duradero por motivos que tienen mucho que ver con mi biografía. Me eduqué viendo La bola de cristal, que era un producto de la movida. He sido siempre fan de Almodóvar, en cuyas pelis veía un Madrid que me fascinaba. Conocí de adolescente a algunas personas de Madrid que me enseñaron que podía vivir de otro modo. Y en fin, todo ello y algunas cosas más fue generándome la necesidad de venirme a Madrid. Es una de las mejores decisiones que he tomado en mi vida: todavía hay muchos días que salgo a caminar por la ciudad con una sensación de amor absoluto hacia sus calles y con la certeza de no querer estar en ningún otro lugar. Más allá de lo biográfico, te diría que los espacios, y no sólo los urbanos ni los que me gustan, me llevan a escribir. Todos mis libros salen de espacios que la memoria ha elaborado a su gusto y que piden ser nombrados, recorridos, en la escritura. Podría además darte razones que llevarían a pensar que el protagonismo de la ciudad en mis libros es algo premeditado; sin embargo, y aunque a menudo lo presento como una militancia, son razones elaboradas a posteriori, por reacción.
 
Mezclas lo autobiográfico con la ficción en esta novela sin que haya una frontera discernible para quien la lee ¿es algo natural para ti, o intentas provocar esa incertidumbre?

La novela parte de algunos elementos autobiográficos, pero no es autobiográfica. No es además mi intención generar incertidumbre, puesto que la cuestión de si lo que le pasa al personaje procede de mi biografía o no es baladí. No es de lo que trata el libro. En todos mis libros he acudido a mi memoria para construir los personajes, amén de que los conflictos que planteo son los que me ocupan, pero eso no es exclusivo de mí. Vargas Llosa lo cuenta muy bien en Cartas a un joven novelista, donde dice que toda novela es un striptease invertido del autor.
 
También varías las voces narrativas e incluso los modelos…

Domingo Valenciano Moreno me dijo en la presentación de La trabajadora en Sevilla que las diferentes voces del libro podían leerse como los heterónimos de Pessoa, y pensé que tenía razón. Las voces son distintas, pero no demasiado: funcionan como espejos. En cuanto al modelo, me han hecho varias lecturas: desde que es cervantina por contener historias muy delimitadas que podrían funcionar solas y por la autoconciencia textual, hasta que se acerca por momentos al thriller. Lo único que yo puedo decir al respecto es que traté de ser fiel a lo que me pedía el texto.
 
En las novelistas más contemporáneas hay una tendencia a la novela corta, al cuento, ¿es síntoma de esta generación digital?

No creo que se trate sólo de las novelistas. También muchos novelistas se decantan por textos más breves. No puedo contestarte con fundamento a si eso es consecuencia de lo digital. Creo en todo caso que lo digital ha modificado la vivencia del tiempo. En mi caso, ha dinamitado esas tardes en las que tenías tres horas sin nada que hacer, salvo leerte una novela. Y como dice Elena Medel: si quiero escribir, tengo que desenchufar el router.
 
¿Qué narradoras actuales te parecen más interesantes?

¿Por qué ceñirnos a las autoras? El otro día le leí a Esther García Llovet sobre la discriminación positiva que la discriminación nunca es positiva. No sé si estoy de acuerdo en todos los casos, pero sí en literatura, pues preguntar desde el género es negar la universalidad (a los hombres nunca se les pregunta desde su condición; se da por hecho que lo que escriben vale para todos). Dicho esto, las narradoras actuales que más me interesan son Lydia Davis, Ana Blandiana y Belén Gopegui.
 
Lee nuestra reseña de La trabajadora, última novela de Elvira Navarro.
 

  •  Portada de La trabajadora
    La trabajadora Elvira Navarro
    • Literatura Random House
    • 2014
    • 978-84-397-2806-1
    • Español
    • Novela
    • 160pp.

    Elisa Méndez trabaja como correctora para un gran grupo editorial. Sus escasos ingresos la obligaron a mudarse a un piso al sur de Madrid, y para poder pagar el alquiler aceptó como inquilina, por recomendación de su amigo Germán, a su antigua colega Susana, una estrambótica e inmensa rubia con algunos problemas mentales que acaba de regresar de una temporada en Utrech. Susana es una artista que hace collages con trozos de mapas, pero que trabaja como teleoperadora. Elisa siempre está intentando sonsacar información sobre sus labores a Susana, aunque sea sólo para conseguir un trabajo similar con el que lograr llegar a fin de mes, pero nunca lo consigue. Años después, Elisa intenta poner punto y final a una novela que cuenta todo lo que vivió en el pasado. Sentada frente a su psiquiatra, le expone que necesita que la terapia le sirva de coda a su obra; y que su superación del miedo y su paranoia serán narradas como un capítulo final a partir de sus conversaciones. Pero la cuestión es, ¿y si no consigue superarlos? Entonces el libro, y la vida, tendrán que quedarse como están.

Entrevista a Mar Mella

Entrevista a Mar Mella

 

Mar Mella nació en Madrid en 1967; si no te suena mucho el nombre de esta escritora, es porque acaba de entrar en el mundo de las letras con su primera novela, recién publicada, Azul Vermeer, que hemos leído, disfrutado y reseñado. Presentó esta preciosa novela al Premio Ateneo de Sevilla 2011 y quedó entre los finalistas del galardón; este año ha visto la luz de la mano de la Ediciones Martínez Roca; hablamos con ella de su primer experiencia como novelista, y de su primera obra.

 

¿Cuánto tiempo te llevó escribir esta novela?

¡Muchísimo! (risas!!). Desde que empecé a escribirla hasta su publicación, probablemente pasaron más de diez años. Es cierto que tuve muchas interrupciones en ese tiempo, tanto laborales como familiares, pero fue un proceso largo y bastante laborioso.

 

¿Por qué el mundo de la restauración en concreto?

Es una profesión que siempre me ha llamado mucho la atención porque combina adelantos y medios técnicos, de última generación, y, a la vez, conserva un carácter muy artesanal. Supongo que al conocerla sólo desde fuera, sin el desgaste de ejercerla a diario, mantengo una idea bastante romántica de la profesión. Me cuesta mucho disociarla del amor y el respeto al mundo del arte. Me asombra que logren mantener esa distancia, que todo buen restaurador debe imponerse, para alterar la obra lo menos posible y respetar el trabajo original.

 

Todos los personajes tienen un pasado fascinante, y sin embargo muy realista, que nos cuentas en diferentes capítulos ¿cómo decides cuánto contar de cada uno de ellos?

Cómo con una persona real, la relación entre mis personajes y yo, se va haciendo más profunda poco a poco. Al principio hay cierta distancia y prudencia entre nosotros, que el avance de las páginas y el tiempo van logrando derribar. Cómo cualquier ser humano, unos resultan más abiertos y a otros les cuesta más dejarse conocer. Para mí es importante profundizar tanto en el personaje, como en su historia para que sus experiencias refuercen y expliquen las relaciones entre unos y otros.

 

Has creado una protagonista bastante impenetrable, ¿fue intencionado?

La personalidad de Marta se va revelando poco a poco a lo largo de la novela pero es verdad que hasta alcanzar el final, no se descubre completamente. En cierto modo llegar a conocerla es casi tan laborioso como la propia restauración de un lienzo. Hay que ir quitando barnices oxidados, restos de pinturas y remendar arañazos y craqueladuras para llegar a la verdadera esencia de un cuadro o de la propia Marta. Una labor que, en su caso, creo que acaba mereciendo la pena. La Marta que llega con nosotros, a las últimas páginas, consigue quitarse muchos lastres y dejar atrás muchos resentimientos. Al mismo tiempo, la esencia de su personalidad, es tal cómo es.

 

¿Qué es lo que más has disfrutado al escribir esta novela?

¡No sé si podría escoger sólo una cosa! Me ha gustado mucho dedicar tiempo a buscar información y documentación sobre pintura y restauración, pero también la labor de ir avanzando en la historia palabra a palabra, página a página. Resulta bastante adictivo ver hacerse reales a los personajes e intentar adivinar sus reacciones y ambiciones.

 

Siendo tu primera novela, ¿cómo has visto el acceso al mundo editorial?

Aunque he sido una privilegiada por haber tenido la suerte de ver publicar la novela, no ha sido un camino fácil. Autora novel y crisis económica es una combinación letal. Muchos agentes y editoriales rechazaron la novela, algunos ni siquiera accedieron a leerla. Sin embargo, en todo ese proceso, también disfruté de pequeños triunfos con los que mantuve la esperanza: cruzarme en el camino de la agente literaria Cristina Salama fue uno de ellos o que la novela resultara finalista del Premio Ateneo de Sevilla en el 2011; y otro, como no, que Carmen Fernández de Blas, de la Editorial Martínez Roca, decidiera leer el manuscrito y apostar por él.

 

¿Tendremos que esperar mucho para leerte de nuevo?

Estoy en ello, aunque me temo que tengo días más productivos que otros. Necesito corregir cada historia y cada texto muchas veces y eso tampoco ayuda. Siento una admiración enorme por esos escritores que escriben páginas enteras, sin necesitar hacer apenas cambios. Aún así espero que no me lleve tanto tiempo, porque la historia ya la siento dentro.

 

Lee nuestra reseña de Azul Vermeer de Mar Mella

 

  •  Portada de Azul Vermeer
    Azul Vermeer Mar Mella
    • Martínez Roca
    • 2013
    • 978-84-270-4068-7
    • Español
    • Novela
    • 448pp.

    Marta Miralles, una brillante restauradora de pintura flamenca, accede a restaurar un antiguo lienzo sin catalogar perteneciente a la familia Medraño, propietaria de una de las casas de subastas más prestigiosas de Europa. Cuando Marta acepta el encargo, vuelve a reencontrarse con algunos de los fantasmas de su pasado, como Javier, su primer amor, y Paddy, el hombre del que estuvo enamorada la mayor parte de su vida. Pronto, la vida de todos terminará por fundirse con la historia de ese misterioso lienzo y con la obsesión de Marta por el famoso maestro Vermeer y su obra…

Entrevista a Clara Peñalver

Entrevista a Clara Peñalver

 

Clara Peñalver nació en Sevilla en 1983, licenciada en Biología, publica su primera novela, Sangre en 2010, y este año ha visto publicada su segunda novela, Cómo matar a una ninfa, en la joven editorial Random. Le hemos preguntado por su segunda obra, cuya reseña podéis leer ya.

 

En tus novelas las protagonistas no solo narran en primera persona, escriben ellas mismas en papel su historia, ¿por qué quieres que sea una narración tan personal?

Es que, aparte de quererlo, lo necesito. Creo que aún tengo mucho que aprender a nivel narrativo y, para no meter la pata en mis primeras novelas, estoy buscando empatizar lo máximo posible con la protagonista y con la historia. Con Sangre, hice la narración solo en primera persona porque no me creí capaz de hacerlo de otra forma. Con la ninfa, he intentado salir un pelín de mi área de confort introduciendo la segunda persona. Esa es la verdad. Podría haberme inventado algo más chulo, pero es que la verdad es esa, que me queda muchísimo por aprender.

 

Ada, la protagonista, no es todavía una detective y comete muchos errores, algunos muy graves, ¿intentas mostrar su inexperiencia o se trata de dotar de realismo a las situaciones peligrosas?

Ambas cosas y alguna cosita más :)
He intentado construir a Ada como un personaje muy real, con sus virtudes y sus defectos. Ada es, ante todo, cabezona y un poco contrafóbica y estas cualidades, unidas a su falta de experiencia, van a acabar metiéndola en más de un lío. En realidad, es que creo que me dan mucho más juego a la hora de escribir sus defectos que sus virtudes.

 

A qué dirías que dedicas más tiempo, a idear una trama de intriga o a estructurarla para crear una coherencia y mantener el suspense?

¡Glups! Pregunta un poco difícil. No sé responderte muy bien. Yo trabajo con nubes de ideas y colores. Me llega una idea, la apunto y le asigno un color. Todas las ideas que me vienen a la cabeza, acaban clasificadas dentro de su color correspondiente en una especie de diagrama. El siguiente paso en mi cabeza es buscar la excusa inicial de la historia y el final, el desenlace. Cuando tengo esos dos factores y me conquista el título, es el momento de ponerme a escribir. No sé decirte si estructuro la trama conforme escribo o si ya está más o menos estructurada en mi cerebro. Dentro de diez años me haces la misma pregunta, ¿vale?

 

Tu protagonista es una apasionada de las motos, como tú ¿los misterios te atraen con la misma intensidad a ti también?

Más que los misterios, los extremos de la mente humana. Siempre me ha atraído, sobre todo, sus desviaciones. ¿Qué es lo que lleva a alguien a matar? ¿El asesino nace o se hace? Eso es lo que realmente me llama la atención.

 

Te involucras mucho en la comunicación de tu novela, tanto a través de Internet como de manera presencial, sea en la ciudad que sea ¿crees que la promoción es algo ya inherente a la profesión de escritora, o es una elección personal?

Creo que es una elección personal bastante necesaria. Siempre se ha dicho que se compra lo que se ve. En una librería, si estás bien colocada (y no hablo de psicotrópicos), se te ve.
Hoy, casi todos los lectores están en internet. ¿Cómo haces que te vean en la red? Por eso decía lo de la opción personal bastante necesaria :) Aunque, en mi caso, tengo que decir que me lo paso pipa en los momentos de promoción.

 

Suponemos que esta no es la última investigación que leeremos de Ada Levy ¿podemos saber ya si estamos en lo cierto?

¡Estáis en lo cierto! Mua ja ja ja já (léase la risa de forma pausada y con voz de brujilla, por favor). En estos precisos instantes estoy de encierro preparando la nueva historia de la motera/reportera/investigadoraprivada/unpocodesequilibrada llamada Ada. Con un poquito de suerte y si no perezco en el intento, en abril de 2014 ya estará jugando con los demás libros en el mercado.

Y, como esto se acaba, quiero dar las gracias a todos los que habéis leído la entrevista hasta el final. Un besuco para cada uno. ¡Muax!

 

  •  Portada de Cómo matar a una ninfa
    Cómo matar a una ninfa Clara Peñalver
    • Random
    • 2013
    • 978-84-15725-30-5
    • Español
    • Novela
    • 384pp.

    Ada Levy es una joven reportera que investiga el secuestro de una modelo de origen italiano. Todas las pistas apuntan a un peligroso psicópata que ha emprendido una particular caza de brujas en pleno siglo XXI. Durante la investigación, Ada se verá inmersa en una turbulenta historia en la que se entretejen el amor, la muerte, la fantasía y la locura.

Entrevista a Marta Rivera de la Cruz

Entrevista a Marta Rivera de la Cruz

 

Marta Rivera de la Cruz (Lugo, 1970) es una escritora con una producción literaria constante y, desde sus inicios ha tenido el respaldo del público, ha sido finalista del Premio Planeta con En tiempo de prodigios, su obra más conocida, y ahora publica La boda de Kate, sobre la que la entrevistamos, y de la que ya podéis leer nuestra reseña.

 

Se agradece una historia de amor desde el punto de vista de una edad avanzada, no desde la tan explorada juventud ¿centrar la historia de Kate Salomon a partir de su tercera edad era algo primordial de tu idea inicial de esta historia?

Es que esta historia sólo tiene sentido si se parte del amor otoñal. Es el catalizador de todo lo que pasa a continuación, aunque desde luego hay otras historias de personajes mucho más jóvenes.

 

Hemos vuelto a Ribanova, incluso al Hotel Almirante, ¿son las historias las que te dictan el escenario o simplemente te gusta imaginar dentro de esta ciudad?

Esta historia había que contarla en el marco de una ciudad pequeña, y para mí Ribanova es un espacio referencial donde, además, los personajes se pueden mover muy bien. Tengo toda la ciudad en la cabeza, y eso lo hace todo más fácil. Por otra parte, ha sido muy divertido recuperar personajes e historias que ya aparecían en mis primeras novelas.

 

Las casualidades son una parte intrínseca de tus tramas que hila a los personajes y encadena los acontecimientos, ¿intentas hablar de destino o de coincidencias?

Más que en el destino, creo en la suerte. En «el curioso laberinto de los efectos y las causas» del que hablaba Borges.

 

El Nueva York de la primera mitad del siglo XX está muy presente y muy bien retratado, ¿es porque atañe a la trama, o es un interés personal?
Me encanta Nueva York y me encanta esa época de la ciudad, los años cuarenta. La única forma que hay de pasear por allí es a través de la ficción, así que me di el gustazo de vivir en el Nueva York de 1944 durante un par de meses. La literatura es una maravillosa máquina del tiempo.

 

En La Boda de Kate hay libros, manuscritos, escritores, editores y hasta una librería. Probablemente escritor, rivalizando con detective, es la profesión que más se repite en los personajes de novelas ¿quién crees que disfruta más con estos elementos, los escritores o los lectores?

No creo que ningún lector pueda disfrutar más de lo que yo he disfrutado con estos personajes.

 

Si no la habéis leído aún, en la página oficial  de La Boda de Kate podéis comenzar con el primer capítulo.

 

  •  Portada de La boda de Kate
    La boda de Kate Marta Rivera de la Cruz
    • Planeta
    • 2013
    • 978-84-08-11712-4
    • Español
    • Novela
    • 400pp.

    La reposada Kate Salomon lleva una existencia tranquila y plácida en una casa de Ribanova, donde vive con otras dos amigas. Regenta una librería y ha heredado una pequeña fortuna después de la inesperada reedición de las poco exitosas novelas de su tío.

    Pero esta calma se rompe el día de su 72 cumpleaños, cuando ocurre algo inesperado: Forster Smith, el hombre al que rechazó tres veces y del que estuvo enamorada desde los veinte años, se presenta ante su puerta con un ramo de rosas y una proposición de matrimonio.

    A partir de ahí, la vida de Kate -y la de sus dos amigas- girará en torno a la preparación de esta boda, con la que no todo el mundo está de acuerdo... en especial la familia de Kate, que teme que Forster Smith acabe con la herencia que esperan recibir.

    La atmósfera de la ciudad, el encanto de Kate y el romanticismo de una historia de amor que dura ya medio siglo harán que todos vayan olvidando sus intereses personales y colaboren en hacer de la boda de Kate Salomon un acontecimiento inolvidable.

Dolores Soler-Espiauba, Premio Gabriel Sijé de Novela Corta

Dolores Soler-Espiauba obtuvo, el pasado 14 de enero, el XXXVI Premio Gabriel Sijé de Novela Corta con la novela La hora bruja.

El galardón está otorgado por la Caja Mediterráneo, y dotado con 7000€ que, desde esta convocatoria, se entregan solamente a una obra ganadora.

Dolores Soler-Espiauba (1935, Cartagena) está licenciada en Filología Germánica y en Filología Hispánica y ha trabajado como traductora y docente en varios países de Europa. Con su primera novela, Los canardos se hizo con el Felipe Trigo y más tarde ganó el Azorín y el Café Gijón.

Cuéntame un poco de qué trata La hora bruja
La hora bruja es, como seguramente sabes, esa hora del atardecer en que aún es de día, pero en la que las sombras avanzan, favoreciendo las confidencias y creando cierta intimidad. Yo tuve un amigo cubano que murió de SIDA aquí en Bruselas hace unos años, y que tuvo que abandonar Cuba porque la homosexualidad estaba castigada. Era una persona de una cultura exquisita y de una rara sensibilidad. Trabajó aquí como traductor freelance y vivió varias historias de amor, más o menos gratificantes. Nuestra amistad se basaba esencialmente en poder comunicarnos en español dentro de otra cultura y otra lengua, cosa que se echa mucho de menos cuando se vive fuera de la cultura propia, el luchar contra la nostalgia de un país al que no podía volver. En sus últimos años, cuando ya estaba muy mal, nos solíamos llamar por la tarde, durante la “hora bruja”, al volver yo de mis clases, y comentábamos lo que habíamos hecho ese día, lecturas, encuentros, anécdotas, proyectos para el día siguiente… Uno de sus últimos episodios clínicos fue una ceguera temporal durante la cual, en el hospital, yo le leía las cartas que le llegaban de La Habana. Esas cartas eran tan maravillosas que me decidieron, después de su muerte, a viajar a su isla, y allí conocí a los autores de aquellas cartas, que ahora, después de ya varios viajes, se han convertido en extraordinarios amigos, y siguen prisioneros de la Isla, como cuando él se fue.

En tu trayectoria has ganado varios premios de prestigio como el Felipe Trigo, el Café Iruña o el Gijón, ¿sientes todavía lo mismo al ganar ahora el Gabriel Sijé?

El mundo editorial español es tan inaccesible (lo primero que te suelen decir al abrirse la página web es “No admitimos manuscritos que no hayan sido solicitados”) que los premios son el único reconocimiento posible a un trabajo de días, meses y años, porque todo ser humano necesita que su esfuerzo sea reconocido. Tal vez cuando empiezas, el impacto es más fuerte, recuerdo el que me produjeron el Premio Andalucía de Novela, o el Premio Azorín, porque detrás de ellos había una tradición de mucho peso, y una voluntad de recompensar la obra que lo mereciera, fuera el autor conocido o no. Y me sorprende, por consiguiente, que los premios “de primera fila” vayan casi siempre unidos a nombres “de primera fila”. Confieso que me siento orgullosa del anonimato de la plica que siempre ha estado detrás de los premios que he ganado.

En un mundo cada vez más orientado a los contenidos breves, ¿por qué crees seguimos viendo tan poca novela corta?
Es realmente curioso ver la cantidad de “mamotretos” de 500 páginas y más, que salen al mercado constantemente. Por mi parte, siento una gran pereza en el momento de penetrar en ellos, a no ser que se trate de clásicos inolvidables, un Ana Karenina, un Bella del Señor, un Rayuela… Creo que nunca tendré la osadía de infligir a mis lectores más de 250 páginas, y ya es mucho. Parece obvio insistir en que no es la cantidad, sino la calidad lo que cuenta. Sigue siendo un real placer releer El coronel no tiene quien le escriba, Pedro Páramo, o Querido Diego… de Elena Poniatowska. En tiempos de crisis, de austeridad y de recortes… Habría que pensárselo antes de lanzarse ¿no te parece? A mí es un género que me gusta.

¿Puedes decirme algo de cuándo podremos leer La hora bruja?
Lamento no poder darte una respuesta. La CAM suele colaborar con editoriales de la Comunidad Valenciana, es de esperar que dentro de poco se sepa qué decisión han tomado.

Entrevista a Gabriela Cañas

Gabriela Cañas nació en Cuenca, en 1957 y es periodista. Trabajó en varios medios hasta llegar a El País, donde actualmente es editorialista y articulista. Entre 2006 y 2008 trabajó en Moncloa como asesora de prensa internacional para el presidente del Gobierno
Sus artículos han merecido dos premios periodísticos: el galardón La mujer en la Unión Europea, otorgado en 2002 y el Premio Meridiana en la modalidad de Iniciativa en los medios de comunicación o publicitarios, en 2011.

Su primera novela acaba de salir a la venta, Torres de fuego, que ya hemos reseñado.

¿Cómo ha sido la gestación de esta novela?
Tenía ganas de escribir una historia (casi siempre tengo ganas de escribir historias) y, de pronto, pensé que el incendio de la torre Windsor, que tanto me había intrigado, era una buena pieza para imaginar en torno a ella un entramado de suspense. La crisis, el boom del ladrillo, las quiebras posteriores y todo lo demás me aportaron un abundante material suplementario.

 

Las mujeres protagonistas de esta historia parecen estar en constante revisión de las elecciones que toman, y han tomado, en sus vidas en cuanto a su relación con el trabajo ¿es un reflejo de las mujeres actuales?
Creo que, por la formación que recibimos y por el papel que jugamos socialmente, las mujeres tendemos más a dudar de nosotras mismas, a cuestionar mucho más nuestras decisiones, aunque esto de generalizar es siempre peligroso. Ese permanente cuestionamiento no sé si es bueno o malo. Es, en todo caso, agotador. He intentado ser honesta a este respecto y presentar a las mujeres de mi historia con todas esas contradicciones y supuestas debilidades.

 

Ana, ambiciosa, llega a lo alto y cae por llegar allí, Any quiere seguir sus pasos y ve peligrar su vida personal, y Rosa que no ha sido ambiciosa es la que tiene una vida más equilibrada y sin embargo está insatisfecha por su falta de ambición ¿es la ambición un problema para la mujer?
Sí. La ambición es un problema; para la mujer y para el hombre. Lo es porque la ambición puede desbocarse con facilidad y generar otros problemas añadidos. Hay que saber contener ciertas ambiciones y dar rienda suelta a otras. Las ambiciones equivocadas son una maldición para los que las sufren y los que están alrededor. En el caso de las mujeres, la ambición es un sentimiento tradicionalmente reprimido porque se supone que estaban predestinadas a tener deseos solo en el ámbito de lo doméstico: tener un buen marido, tener unos buenos hijos, una casa acogedora, un buen ambiente familiar y, como mucho, un trabajito que no te quite mucho tiempo… En el mundo laboral, la ambición femenina está todavía muy mal considerada. Así que es un lío. Por eso la Rosa de mi novela se siente culpable por ser ambiciosa y, al tiempo, frustrada por no haber sido capaz de alimentar dicha ambición hasta la muerte de su hermana.

 

La intriga de la novela se basa en parte en una trama de finanzas compleja, que sin embargo está muy bien explicada en la novela, ¿te preocupaba que el misterio fuese difícil de explicar por tratarse de una estafa financiera?
No, en absoluto. Las estafas financieras son, en el fondo, muy fáciles de explicar por mucho que los contables hagan malabarismos: se basan en el engaño y en una estructura social que permite e, incluso, alienta dicho engaño. No es difícil explicar que una empresa sea capaz de comprar un solar por 100.000 euros y que luego compute en su haber el mismo solar valorado en 12 millones para inflar el valor de la propia empresa. Tampoco es difícil de explicar que las auditoras den después por buenas esas cuentas para que otro muerda el anzuelo y compre la empresa a un precio astronómico o un banco le otorgue préstamos en base a tales números. Y eso es lo que ha pasado aquí, en el resto de Europa y en Estados Unidos en los últimos años. Más que difícil de explicar es difícil de creer. Es un escándalo y un saqueo.

 

Uno de los aciertos de la novela, en cuanto al suspense, radica en el hecho de que, aunque el lector se entera de todo, algunos personajes no tendrán al final todas las piezas del puzle ¿era un elemento de realismo que querías enfatizar?
Sí. La realidad siempre nos deja cabos sueltos. En la realidad, nunca llegamos a tener todos los elementos para entender las cosas. En mi novela he buscado también esa semejanza con lo real. Como periodista, soy muy consciente de hasta qué punto te puedes quedar sin tener todos los datos en la mano. Pero como lo más importante de mi novela era el lector quise situarle siempre en esa posición especial de privilegio: solo él sabe de manera más aproximada qué pasó con Ana Ruiz-Benegas.

 

Cada personaje, por pequeño que sea, tiene una historia, y así nos los presentas en la novela ¿por qué lo consideras importante?
Pues no lo sé. Siento esa necesidad de contar la historia de la gente, de situarla en el marco global. En el fondo, quizá, porque todas me parecen importantes. Me pasa siempre. Miro al cobrador del metro o al piloto del avión y pienso en cómo será su vida, qué secretos esconderá, qué sueños acariciará, qué frustraciones cosechará.
Esta es tu primera novela ¿vamos a leerte en una segunda?
Me encantaría. Ya estoy escribiendo. Espero que sea publicable.

Compra Torres De Fuego de Gabriela Cañas

  •  Portada de Torres de fuego
    Torres de fuego Gabriela Cañas

    Ana Ruiz-Benegas una brillante ejecutiva de éxito aparece brutalmente asesinada. El crimen, que en principio parece un vulgar robo con violencia, esconde sin embargo mucho más de lo que parece a primera vista. La hermana de Ana, Rosa, una abogada mercantil, y la hija de esta Any, una joven economista, no cejarán en su afán por esclarecer la muerte de Ana descubrirán una complicada y peligrosa trama político-empresarial que salpica a grandes nombres de las finanzas…

    La venganza, el dinero, el chantaje y la corrupción son los ingredientes de un relato en el que todos los personajes tomarán posiciones determinantes. El incendio de la torre Windsor y los hilos de un perverso equilibrio de poderes guiará a las dos protagonistas hasta empujarlas a dar un vuelco a sus vidas.